10.28.2013

Cooperación y normas sociales



Algunas teorías alternativas en la ciencia económica resaltan el papel de las instituciones  y sus  incentivos en el desempeño y prosperidad de las naciones, además de la crítica al supuesto de agentes racionales representativos (supuesto fundamental en la teoría neoclásica). 

En cuanto al primer punto, se argumenta que el atraso económico se asocia típicamente con una amplia gama de fallas institucionales, de organización y gobierno, a lo largo de muchas dimensiones. En algunos países pobres, los políticos son ineficaces y corruptos, los bienes públicos no están suficientemente provistos y las políticas públicas confieren ingresos a las élites privilegiadas, la aplicación de la ley es insuficiente y el riesgo moral está muy extendido en las organizaciones públicas y privadas.  

Este enfoque destaca tres características clave de las instituciones buenas y son la aplicación de los derechos de propiedad a un segmento amplio de la sociedad, de tal manera que las  personas tengan incentivos para invertir en maquinaria, capital humano y mejores tecnologías para participar en la actividad económica; límites a las acciones de las elites, los políticos y otros grupos poderosos, para evitar que expropien los ingresos y las inversiones de otros o que creen condiciones que les favorezcan; y cierto grado de igualdad de oportunidades para segmentos amplios de la sociedad que a su vez redundan en prosperidad económica para los países. 

Un cuerpo influyente de la investigación en historia económica, economía política y  macroeconomía ha demostrado que tanto el atraso económico como el institucional son a menudo un subproducto de la historia, en el sentido de que se observan en los países o regiones que hace siglos fueron regidos por gobiernos déspotas, o donde las élites poderosas explotaron campesinos sin educación o esclavos (Acemoglu y Robinson, 2012).

Por ejemplo, en un artículo muy famoso Tabellini (2008) llega a dos conclusiones respecto a la influencia de las instituciones en el crecimiento y desarrollo económico. 

En primer lugar, los valores consistentes con la moral generalizada son más propensos en las sociedades que fueron gobernadas por instituciones políticas no déspotas en el pasado distante. En segundo lugar, el buen funcionamiento de las instituciones se observa a menudo en los países o regiones en los que las personas comparten valores coherentes con la moral generalizada, y los diferentes supuestos de identificación sugieren un efecto causal sobre los resultados de los valores institucionales.

En cuanto al segundo punto, y en contraste con el enfoque adoptado por la economía dominante que se apoya en el concepto del homo economicus (una criatura que es racional y puramente egoísta) Fehr y Gintis (2011) afirman que el enfoque del homo economicus es erróneo, pues el supuesto de que los seres humanos son exclusivamente egoístas ha sido rechazado decisivamente por la evidencia empírica.

Un ejemplo es el hecho de que experimentalmente no se cumplen las predicciones teóricas del Dilema del Prisionero. Este dilema consiste en dos bandidos son capturados por la policía y acusados de un crimen serio. Se les interroga por separado y se les ofrece a cada uno un trato: si uno incrimina al otro, mientras que el otro permanece callado, entonces el primero es sentenciado por un crimen menor y su sentencia se reduce un año. Mientras tanto, el segundo será condenado por un crimen más serio y sentenciado a cuatro años de cárcel.

Si ambos permanecen callados, y de esta forma cooperan uno con el otro, habrá insuficiente evidencia para condenarlos por un crimen más serio, y recibirán una sentencia de sólo dos años. Si por otro lado, ambos no cooperan incriminándose uno al otro, serán sentenciados por un crimen más serio, pero reducirán su sentencia a tres años por haber estado dispuestos a dar información.

Desde un punto de vista completamente egoísta, el mejor resultado es no cooperar-no cooperar, después cooperar-cooperar, después no cooperar-cooperar. En consecuencia,  no cooperar es llamada una estrategia dominante en un juego en forma normal. Como consecuencia, ambos no cooperan. El dilema surge porque si ambos hicieran lo mejor, debería ser una estrategia dominante que permanecieran callados, es decir, cooperar-cooperar, lo cual sí ocurre en los experimentos con personas reales.

Si ambos confiaran uno del otro, cooperando, estarían mejor que si ambos actuaran en forma egoísta. Con la ayuda del Dilema, podemos claramente apreciar lo que significa cooperar: un individuo paga un costo de tal forma que otro recibe un beneficio. En este caso, si ambos cooperan, alcanzarán el mejor resultado. Todos nosotros encontramos el Dilema en una forma u otra todo el tiempo en toda nuestra vida.

2 comentarios:

  1. Acabo de descubrir este Blog , y me parece muy interesante lo que he encontrado. Como estudiante de economía este es un espacio donde puedo leer información relevante en la materia, y enriquecer mi aprendizaje de forma muy agradable. Gracias.
    S.N.

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  2. Acabo de descubrir este blog , me parece muy interesante la información que he encontrado en él. Como estudiante de economía este es un espacio donde puedo enriquecer mi aprendizaje de manera muy agradable. Gracias
    S.N.

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