1.14.2010

El movimiento de precios y la inflación

Seguramente has escuchado que cada día las cosas están más caras y que estamos viviendo una escalada de precios. Sin embargo, hay una gran diferencia entre los movimientos de los precios de un bien o servicio concreto como el azúcar y el incremento sostenido y generalizado de todos los bienes y servicios que se comercian en la economía en un periodo determinado. En otras palabras, debemos hablar de inflación cuando vemos que la mayoría de los precios suben constantemente y no solamente cuando algunos aumentan en forma aislada. Por ejemplo, de acuerdo con el reporte del Banco de México, la inflación anual en 2009 fue de 3.57 por ciento, es decir, el incremento promedio de los precios de la canasta de bienes y servicios que representa el consumo de las familias en nuestro país fue de 3.57 por ciento. En cambio productos como el azúcar registraron una variación de 90 por ciento en ese mismo periodo.

En una economía como la nuestra, las variaciones frecuentes de los precios individuales son muy normales, incluso en una situación de estabilidad de precios. Esto es por que los cambios en la oferta y la demanda de bienes o servicios concretos, algunas decisiones en la política de precios y tarifas del sector público, como la gasolina y la electricidad –de ahí su nombre de bienes administrados-, se traducen inevitablemente en variaciones en su precio. La gasolina, por ejemplo es un producto que forma parte del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) –indicador para medir la inflación-, y un aumento en su precio afectara directamente la cifra que registramos como inflación. Sin embargo, también provocará efectos indirectos o de segundo orden, pues el aumento también elevará los costos de producción de otros bienes y servicios, generando algunas presiones adicionales sobre el INPC.

El Banco de México estima que el impacto total de las medidas tributarias, entre ellas el aumento del IVA de 15 a16% y de la política de precios y tarifas del sector público, sería de alrededor del 1.70%, esto quiere decir que el efecto sobre la inflación será temporal.

La inflación, en estos momentos es el menor de nuestros males. Si bien las autoridades aseguran que la recesión ya terminó, la recuperación de la economía será lenta; sin embargo, es muy importante rescatar la recomendación de los especialistas en el tema de inflación: la mejor manera de impedir que los aumentos en los precios de los bienes básicos y los energéticos lleven a constantes tasas altas de inflación es anclar las expectativas de inflación de largo plazo del público. Esto quiere decir que si las personas piensan que habrá más inflación, es muy probable que se comporten de maneras que efectivamente producirán un aumento pronunciado en los precios; por ejemplo, si los trabajadores creen, que dentro de un año habrá más inflación, es muy probable que presionen hoy por un aumento de su salario. De igual manera, si las empresas esperan una mayor inflación, seguramente aumentarán antes los precios de sus bienes y servicios y eso sí puede resultar en una escalada generaliza de precios.

En nuestro país, el fantasma de la inflación se ha presentado de manera recurrente, en ocasiones hasta alcanzar tres dígitos, por ejemplo en diciembre de 1987 la inflación anual alcanzó 159 por ciento y en febrero de 1988 179.73 por ciento.

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