12.09.2015

Temas relacionados con la obra de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI






El Dr. Jaime Ros es catedrático de la Facultad de Economía de la UNAM, en esta ocasión  nos comparte sus comentarios a la obra El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty. Sus reflexiones abordan tres temas con una visión distinta a las reseñas tradicionales que se han escrito sobre este libro. 
 

  • La principal contribución de esta obra
  • Algunos aspectos descuidados en las reseñas del libro
  • La relevancia del libro para México
  
Aquí su artículo publicado en la revista  Economía: teoría y práctica de la UAM

 

11.13.2015

¿Por qué importan la dinámica y las condiciones de la dimensión demográfica en el análisis de los procesos de desarrollo económico?


María Guadalupe García-Sánchez*
EL COLEGIO DE MÉXICO



El crecimiento económico de un país depende de la disponibilidad y el uso de diversos factores, tales como trabajo, capital, capital humano, recursos naturales y los avances tecnológicos. La literatura, ha mostrado diferentes posturas en torno a la clave del crecimiento económico, centrándose en tres aspectos, en la inversión, la cual permite que los trabajadores cuenten con más capital para sus procesos productivos, la educación, que incrementa el  capital humano, y el progreso tecnológico, mediante la combinación de los insumos, maquinaria y conocimientos más avanzados.

            En general se considera que estas tres causas actúan conjuntamente en la determinación del crecimiento económico, aspecto fuertemente relacionado con el desarrollo económico en la población. Es importante diferenciar crecimiento y desarrollo económico, siendo el primero el avance alcanzado por un país relacionado a las variables económicas, tales como: el producto interno bruto, la inversión y el consumo; mientras que el segundo es un incremento en todos los niveles, tanto económicos, como culturales y sociales de la población (Patricia Castillo, 2011).

            Por lo tanto, se cree que el crecimiento económico puede estar afectado por el crecimiento poblacional. Bloom y Canning (2001) en su artículo "Cumulative Causality, Economic Growth, and the Demographic Transition", mencionan que por muchos años, los economistas y pensadores sociales han debatido sobre la influencia del cambio de la población en el crecimiento económico. La discusión se centra en definir si el crecimiento de la población restringe, promueve, o es independiente del crecimiento económico. Sin embargo, cualquier enfoque se basa en el tamaño de la población. Pero aún más importante que el tamaño, es la estructura de edad de la población, que puede cambiar radicalmente a medida que cambian las tasas de fecundidad y de mortalidad.

            El comportamiento económico y las necesidades varían en las diferentes etapas de la vida, los cambios en la estructura de edad puede tener efectos considerables sobre el desempeño económico. En las fases tempranas de la transición demográfica, domina la proporción de niños y jóvenes, que presenta una  demanda mayor por servicios educativos, de salud y de cuidado, por lo que se destina una gran parte de recursos para su atención, lo que tiende a deprimir el ritmo de crecimiento económico. En etapas intermedias, se acumula un mayor número de personas en edades productivas, se observan presiones en los mercados laborales, pero también se abre una ventana de oportunidad demográfica. La mayor productividad de este grupo puede producir un "dividendo demográfico" del crecimiento económico, en el supuesto de que existirán políticas para aprovechar las ventajas que el dividendo proporciona. Y al final de la transición demográfica, la demanda de servicios se concentra, principalmente, en la salud y los sistemas de pensiones (Bloom y Canning, 2001).

            En ese sentido, Mason (2005) menciona que tanto los países desarrollados como los países en desarrollo están experimentando cambios sustanciales en las estructuras por edad de su población como resultado del cambio en la fecundidad, lo cual puede traer consecuencias importantes para el crecimiento económico. Esos cambios en la estructura por edad se explican mediante dos dividendos demográficos. En el primero se presenta un bono transitorio, debido a que solo existe en un periodo determinado de tiempo (ventana de oportunidad), mientras que el segundo dividendo es permanente, con respecto a  los cambios en los comportamientos económicos que tiene la población.

            El primer dividendo es inherentemente momentáneo debido al proceso de transición de las estructuras, las cuales llegan a ser estructuras envejecidas, pero solo temporalmente pasan por una estructura madura. En este hay una concentración de la población en edades productivas, por lo que hay más trabajadores potenciales que consumidores, por lo tanto existe una mayor acumulación de capital. Sin embargo, para que exista mayor nivel de ingresos y poder obtener una mayor acumulación, es importante considerar la “calidad del bono”. Por lo que no basta tener población económicamente activa, si no que se debe contar con trabajadores efectivamente empleados en empleos formales, lo cual se logaría mejorando la calidad educativa de dichos trabajadores (Alba, Benegas y Giorguli., 2006).

            En el segundo dividendo, toman mayor importancia los activos financieros, y la acumulación de riqueza. Para este dividendo se hace un supuesto “heroico” partiendo de que las sociedades, las familias y, en general, los individuos son previsores. Ello implica que a lo largo de la vida de los individuos se debe hacer una acumulación de ingresos que servirán para la edad donde ya no se es productivo. También, en este dividendo existe una mayor relación con las políticas públicas, las cuales deben irse adecuando, conforme la transición demográfica va cambiando. La falta de políticas adecuadas, puede anular alguno de los beneficios temporales de los cambios demográficos y a la vez puede agravar los efectos adversos del envejecimiento de la población (Turra, 2009).

            Con ese enfoque se ve el manejo de los recursos desde una perspectiva del cambio de las generaciones, de una estructura con diferencias etarias. De aquí parte la hipótesis del ciclo de vida económico, que se refiere a los perfiles por edad, del consumo, el gasto, el ahorro y el ingreso, que dependen del estrato social. El estrato social, tiene que ver con el nivel de consumo de las personas (alto o bajo), y con las edades de la población (jóvenes o adultas) (Mejia, 2014).

            Por lo tanto, la importancia de la dinámica y las condiciones de la dimensión demográfica, gira en torno a la proporción de la población en distintos grupos de edad. Por lo que la transición demográfica ofrece a las autoridades responsables una ventana de oportunidad que, al aprovecharla, podría resultar vital para el desarrollo económico y social de sus países.

* La autora es Maestra en Demografía por el Colegio de México